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De los antiguos, los que nos legaron esto, aprendimos que la esencia de las cosas es importante que no desaparezca, que en ocasiones debemos redimensionar, devolver las cosas a su tamaño y, por supuesto, a su origen.

Hoy miramos con recelo al pasado y la esencia en cuanto al tema que nos une, el mundo del costal, es la misma. Personas movidas por la Fe que se disponen al sacrificio, al bendito sacrificio que es meterse bajo un paso de Semana Santa.

Muchos años han pasado desde entonces y, aunque la esencia es la misma, todo lo que la envuelve, es diferente. Estamos aquí para aprender este bendito oficio, para progresar en él y sobretodo, para evolucionar y perfeccionar la TÉCNICA.

Hay quien considera que supone un problema sacar más de un paso a la calle durante nuestra semana grande y esto es dado a que, a menudo, a los que incurrimos en el delito, nos suelen relacionar con calificativos como “saca-pasos”, llegando incluso a dudar o, aun mas grave, a cuestionar nuestra Fe y nuestros motivos para hacerlo.

La primera apreciación que haré a este respecto es que debemos tener claro que nada de esto es posible sin la TÉCNICA.

La técnica es el conjunto de herramientas con las que todo costalero debe contar antes de meterse bajo un paso. El aprendizaje previo y siempre constante es el que nos dará una base sólida y nos alargará la vida debajo de los pasos.

Atrás quedaron, o debieron quedar, con todos mis respetos, los tiempos de costalero de alpargata y faja de tela.

Estéticamente puede parecernos bonito, pero la realidad es que debajo de un paso se hace una serie de esfuerzos que requieren que pongamos atención en nuestro cuerpo. Entender que a la hora de trabajar debajo de un paso debemos elegir un calzado que proteja nuestro pie y sea cómodo para el trabajo es algo necesario.

Lo mismo pasa con la faja, las de tela tienden a ceder, a deshacerse durante el recorrido y, por tanto, a perder su eficacia. Por ello optamos por fajas ortopédicas, de doble cierre y con refuerzo en las lumbares a ser posible.

Que si, que es menos estético, pero venimos a trabajar y a que nuestro cuerpo se resienta lo menos posible. Lo que se tiene que ver es lo que llevamos arriba, a nuestros titulares, no a nosotros.

La predisposición y el compromiso es otro factor clave a tener en cuenta. Los ensayos sirven para adquirir conocimientos, para afianzar los que ya tenemos y ponerlos en práctica, y también, para entender lo complejo que puede llegar a resultar sacar un paso a la calle.

La fe es un factor fundamental para formar parte de este maravilloso mundo y esto es algo que debemos poner en valor y nunca debemos olvidar. Ahora bien, sin la técnica necesaria para llevar a cabo el esfuerzo que supone meterse bajo un paso es difícil que consigamos salir a la calle en condiciones sin morir en el intento.

Siempre he considerado que la cuadrilla es un reflejo de la persona que la comanda, el capataz o el equipo de capataces. A ellos corresponde la obligación de introducir en la técnica a los costaleros. De ellos es la responsabilidad de la salud de la gente que llevan bajo.

Son figura clave y fundamental para asegurar que la gente pueda trabajar con el máximo de garantías posible.

He tenido la suerte de trabajar en diferentes cuadrillas y aprender las cosas buenas y las que tenemos que mejorar y, cada día estoy mas convencido de que estamos en el camino correcto, pero aun nos queda mucho por aprender y por hacer. Debemos ser exigentes.

Cuando una cuadrilla no tiene técnica, ni base, ni respeto al oficio o ganas de mejora; cuando se considera un juego el poner un paso en la calle o cuando los egos, que a veces existen, no dejan paso al conocimiento, debemos tener claro que el responsable es y siempre será El Capataz.

Por tanto, compañero de filas, camarada en la sombra y aficionado al costal, no tengamos miedo de aprender, de preguntar, no demos las cosas por sentadas ni las lecciones por sabidas.

El mundo del costal es apasionante y nos regala momentos que no es posible contar, que solo sabemos los que formamos parte de él.

Démosle el respeto y la importancia que merece.

Continuemos pues, con el maravilloso camino del aprendizaje constante, siempre de menos a más, afianzando criterios, siempre…  ¡Venga de frente!

Juan A. Sánchez Latour